Acompasar la locura del otro con algo de locura. Pero ni locura ni violencia sin sentido. Sino el pleno sentido de maniobrar en plena tormenta para que esa barca, en la que vamos con el paciente, llegue a mejor puerto posible. Allí donde la palabra y el pensamiento puedan devolvernos la humanidad perdida. Esta vez fue de esta manera; en la cual el control interno se agoto, el externo se hizo necesario. Ojala la próxima no incluya medicación, quizá se pueda buscar una guitarra y amansar al animal con música, con caricias, suave pero firmemente. La locura, sabemos, se despliega en relación al marco que la contenga
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